Esperar lo inesperado
La televisión (audiovisual), la cual finalmente ha subvertido todas las formas de la representación artística, gracias a esta repentina presentación en la que el tiempo real la sobrepone definitivamente al espacio real de las obras mayores, tanto de la literatura como de las artes plásticas.
Pensé en la tv, pensé que todo arte era tal por el simple hecho de crear espacios para la expresión. Por ende todo medio de comunicación era una disciplina artística. Sumando esta cita de virilio, me da por pensar otra vez en la tv. El tiempo se impone sobre el espacio. Peor aún el tiempo real contra un espacio real. La ventaja a todo ello, es que podría cambiar la concepción de riqueza, rico sería aquel que tuviera más tiempo (¿jubilados?) que perder (¿desocupados?) o del cual disponer (recién nacidos).
Velocidad y política ayer, con el futurismo, el fascismo y el turbo-capitalismo del mercado único; de ahora en adelante, velocidad y cultura de masas. Si "el tiempo es oro", la velocidad-luz de la ubicuidad mediática se ha convertido en el poder de atemorizar a las hordas subyugadas.
Igual que el terror incontrolable, el pánico es irracional, y su carácter tan a menudo colectivo revela claramente su propensión a devenir, tarde o temprano, un hecho social total.
Lo que denomino "frío pánico" se relaciona con este horizonte de expectación de una angustia colectiva, en el cual uno se afana en esperar lo inesperado en un estado de neurosis que demerita toda vitalidad intersubjetiva y que desemboca fatalmente en un estado de disuasión civil,
Con la "teleobjetividad", nuestros ojos no sólo quedan cerrados por la pantalla catódica, sino sobre todo porque ya no intentamos mirar, ver alrededor, ni siquiera frente a nosotros, sino únicamente allende el horizonte de las apariencias objetivas, y es esta fatal falta de atención lo que provoca la espera de lo inesperado; paradójica espera compuesta a la vez de la avaricia y de la ansiedad que el filósofo de lo visible llamaba pánico.
El mundo del arte contemporáneo que desde el "realismo socialista" a su tiempo iría a derivar en esta "cultura pop" y en el realismo de un mercado del arte que señorea el comienzo del tercer milenio.
Crítica al mercado del arte o a los artistas de mercado
Después de la cuestión de la ausencia de un plazo en el cual realizar la instantaneidad, volvemos a encontrar la cuestión de la distancia respecto a la ubicuidad, pero en una perspectiva inversa: lo que cuenta a partir de ahora ya no es el punto de fuga en el espacio real de una escena o de un paisaje, sino sólo la fuga ante la muerte y su punto de interrogación en una dimensión de tiempo real en el que la pantalla catódica usa y abusa de lo directo, "la muerte en directo" y su cortejo de desastres en repetición.
No hay punto de fuga sino fuga del punto
A finales del siglo pasado, Karol Wojtyla declaraba: "El problema de la iglesia universal es encontrar cómo hacerse visible." Al inicio del tercer milenio este problema es extensivo a toda representación.
Pero en este inicio del nuevo milenio, donde el desempeño de la comunicación instantánea suplanta la sustancia de la obra, de todas las obras –pictóricas, teatrales, musicales–, donde la analogía desaparece ante las proezas de la digitalización, el Gran Pánico es el de un arte contemporáneo del desastre de las representaciones, de las malformaciones de una percepción telescópica donde la imagen instrumental caza, una tras otra, nuestras últimas imágenes mentales.
Extraído de La jornada semanal, Diario La jornada, 04-02-07